Diarios de la calle

 

FICHA TÉCNICA

 

Año: 2007.

Duración: 123 minutos.

País: Estados Unidos.

Dirección: Richard LaGravenese.

Guión: Richard LaGravenese; basado en el libro The freedom writers diary de Freedom Writers y Erin Gruwell.

Intérpretes: Hilary Swank (Erin Gruwell), Patrick Dempsey (Scott Casey), Scott Glenn (Steve Gruwell), Imelda Staunton (Margaret Campbell), April Lee Hernandez (Eva), Mario (Andre).

 
 

COMENTARIO

 

Basada en un hecho real –la historia protagonizada, en 1999, por Erin Gruwell y sus alumnos de Woodrow Wilson High School de Long Beach-, la película de Richard LaGravenese aborda el tema de la integración social y de  la educación como modo de escapar de una vida prefijada de antemano a consecuencia del lugar de nacimiento y de las relaciones sociales que dicho nacimiento propicia.

Como ya hicieran películas como Rebelión en la aulas (1967), Los chicos del barrio (1991), Mentes peligrosas (1995), o, la europea, Los chicos del coro (2004), Diarios de la calle nos muestra a un grupo de alumnos que, gracias al paso por sus vidas de una profesora que cree realmente en la educación como motor de cambio y mejora personal, logran salir del deprimente y doloroso mundo al que todos, ellos mismos, creían que estaban abocados sin remedio.

Frente a otros tipo de películas escolares como El club de los poetas muertos (1989), Emperor´s Club (2002), El profesor Holland (1995) o La sonrisa de la Monalisa (2003)  en las que la educación es la puerta a la libertad de pensamiento o el descubrimiento de las posibilidades personales de unos alumnos de clase media: chicos ricos y guapos, pero hastiados o carentes de una escala de valores medianamente definidos, o tan definidos que dan miedo, esta película  muestra la educación no sólo como un medio de formar el carácter, sino, sobre todo, como medio de intervención social, como factor de cambio y realización personal de los educandos.

Ya lo decía La Régula en  Los santos inocentes, la magnífica novela de nuestro admirado Miguel Delibes: “con un poco de conocimiento podrás salir de pobre”. El mensaje, pues, no es novedoso, pero aquí tiene la fuerza que le otorga el hecho de que sucedió de verdad, de que lo que se nos cuenta no es fruto de la imaginación bienintencionada de un escritor, sino del trabajo y el tesón real de una profesora de carne y hueso, aparentemente frágil, pero con la enorme fuerza y decisión que le dio creer en lo que hacía, creer que, más allá de los problemas, existen las soluciones, que más allá de los prejuicios existen las personas, si realmente deseamos que así sea.

En este sentido, la enseñanza última del filme es clara: nadie quiere vivir en medio de la violencia, el desánimo, la suciedad, el odio; todos poseemos en el fondo unos valores semejantes y tenemos expectativas parecidas. Todos, salvo caso patológicos,  queremos a nuestras familias, anhelamos ser queridos, deseamos triunfar socialmente y vivir integrados en la sociedad, sin embargo, no todos partimos con las mismas posibilidades. Por ello, de nada sirve un sistema que se demuestra -más allá de las apariencias- selectivo, elitista, falso en sus verdaderos propósitos, ya que lo único que hace es perpetuar la situación que se supone debe corregir. Cambiad el punto de partida y las expectativas y, a buen seguro, cambiará el camino y el punto de llegada, parece decirnos con su actuación la profesora Erin Gruwell, interpretada en el filme por la oscarizada Hilary Swank.

En una sociedad donde la educación parece haber perdido el atractivo que da el medro social y económico, la historia de los Escritores por la Libertad, así se hicieron llamar estos muchachos en la vida real, nos muestra una docencia más necesaria que nunca,  una docencia que nos habla de afecto, pero también de exigencia. No hay paternalismo en la actuación de la profesora, sino sinceridad y convicción en lo que hace. No se renuncia al esfuerzo ni a la disciplina, no se regala nada, pero tampoco se da lo que no se necesita, ni se encubre la falta de interés con un velo burocrático teñido de añoranza por un tiempo y una situación escolar que ya no existe; porque la sociedad en la que el sistema educativo se incardina es ésa y no otra, imaginaria. Se pide esfuerzo, pero se ofrece entrega y fe en lo que se hace; se pide responsabilidad y compromiso, pero se otorga respecto y conocimiento.

Narrativamente la película sigue los cánones tradicionales. Presentación del problema y los personajes -que resultan muchos para cubrir todos sus problemas, de manera que  éstos se ejemplifican a través de las vidas de unos pocos -, conflicto,  desarrollo y cierre con un desenlace, esperanzador. Se trata de un guión bien armado, poseedor de un desarrollo dramático que el director sabe trasladar con pericia y sin caer en excesos sentimentaloides o situaciones truculentas. Es cierto que una de sus mayores deficiencias es la previsibilidad de algunas de sus situaciones que  nos parecerán ya vistas, pero el compromiso del que nos habla es sincero, real, y eso, al menos, nos hará reflexionar  sobre el modo y posibilidades que existen de, mediante la acción de educar, transformar, si no la realidad social, sí al menos algunas vidas imperfectas de jóvenes marginales y desorientados. Nadie puede por sí sólo cambiar el mundo, es cierto, pero sí contribuir a que la vida de alguien cercano pueda mejorar. Atención, en ese sentido, a la carta del muchacho hispano -quien, sin duda, protagoniza uno de los momentos más emotivos del filme- en la que define lo que para él y, de un modo u otro, también para el resto de los compañeros, se ha vuelto el aula 203 donde imparte su clase la profesora Gruwell. ¿Quién de nosotros puede afirmar que no hubiera deseado tener, en algún momento, un lugar como ese en su vida?

Elipsis Ediciones ha adquirido los derechos de publicación para todo el mundo de habla hispana de Freedom writers diary, que en español llevará el título de Diarios de la calle. Seguro que su lectura puede resultar una actividad interesante y a buen seguro motivadora de cara a plantearse nuevos y, sin duda, gratificantes proyectos educativos.

 

TEMAS

 

q       La educación como medio de integración social y desarrollo personal.

q       La escritura como medio de indagación personal y terapia.

q       La incomprensión y el miedo al otro.

q       Las consecuencias de nuestros actos.

q       Los modelos educativos.

 

 

OPINIONES

 

1. “Alegría, ma non troppo. Basada en hechos reales, no seré yo quien ponga en duda la veracidad de lo narrado ni su fidelidad más o menos elevada al desarrollo de tales hechos, pero hay una cosa evidente: si la dramatización de un hecho conlleva la absoluta imposibilidad –por motivos elementales de volumen y tiempo– de recoger todas y cada una de las dimensiones y elementos del mismo, está claro que en este caso ha habido una determinación rotunda de dejar fuera del relato las aristas más duras o ásperas del mismo –que no se niegan, y de las de que, de hecho, alguna pincelada se nos ofrece, pero sin profundizar lo más mínimo en ellas–. ¿Resultado? Una mirada excesivamente almibarada y luminosa sobre una historia en la que luces y sombras, quizá, debieran haber tenido una presencia más equilibrada.” (Manuel Márquez).

2. Si bien es cierto que esta  suerte de nuevo club de los poetas muertos -y altamente peligrosos- arranca del cliché más manido (profesora de lengua, joven , blanca, guapa, inteligente y con cara de Hilary Swank, que se empeña en educar a un clan de gamberros en un colegio de chavales perdidos), lo primero que hay que considerar es que se trata de un caso real, contado con verismo por su director, Richard Lagravanese, y que el personaje de Swank no es pariente, ni de lejos, del que hiciera una devaluada Michael Pfeiffer en aquella paternalista, facilona y edulcadorada Mentes peligrosas (1995), que a ritmo de rap devino, cómo no, en una serie televisiva de tercera. La historia de Erin Gruwell, que así se llama la heroína de Diarios de calle, pudo ser poco trascendente si hubiese hecho los que todos los que llegaban  al problemático colegio de Long Beach: poner pies en polvorosa. A lo mejor fue pura casualidad, quizá le faltara un día o dos antes de salir despavorida, pero lo cierto es que fue un hallazgo tremendo. Sus alumnos, todos adolescentes problemáticos de la periferia, procedentes de distintas tribus urbanas, etnias y nacionalidades, miembros de diferentes clanes mafiosos, forajidos y bandoleros de la calle, ignoraban por completo que hace apenas sesenta años hubo en la faz de la tierra un holocausto, en el que millones de personas inocentes murieron  por el capricho de otras.” (Omar Khan).

3. En definitiva, podemos afirmar que uno de los mayores logros de “Diarios de la calle” es convertir una historia mil veces vista antes en algo insospechadamente nuevo, con un pulso propio que consigue conmocionar, conmover y hacer reflexionar, aunque sea de una manera claramente “mainstream”, sentimentalista e incluso en ocasiones de lágrima floja, y aun así más limpia y menos pretenciosa que, por ejemplo, Semillas de rencor. Sin embargo, el mayor logro de la película, aquél por el que posiblemente se la pueda recordar más allá de la sala del cine, es el hecho de convertirse no sólo en un sentido homenaje a esa heroína de la educación que es Erin Gruwell, sino también a su trabajo, a su mensaje de inspiración: para cuando acabe el film, y al igual que ocurrió con sus alumnos, serán pocos los que no sientan aunque sea una pequeña curiosidad por las vidas plasmadas en ese The freedom writers diary publicado que da título al largometraje en su versión original.” (Javier Quevedo Puchal).

 

OTRAS OBRAS RELACIONADAS

 

q       Diarios de la Calle, de Freedom Writers y Erin Gruwell, Madrid, Elipsis Ediciones, 2007.

 Mentes peligrosas (1995), de John N. Smith.

 Rebelión en la aulas (1967), de James Clavell.

 Los chicos del barrio (1991), de John Singleton.

 

Pedro Hilario Silva

IES Francisco Giner de los Ríos (Alcobendas)

 
 

 

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