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FICHA TÉCNICA
Título original: 300 (película) Año: 2007 Duración: 117 minutos País: Estados Unidos Dirección: Zack Snyder. Guión: Zack Snyder, Kurt Johnstad y Michael B. Gordon; basado en la novela gráfica de Frank Miller y Lynn Varley. Intérpretes: Gerard Butler (rey Leónidas), Lena Headey (reina Gorgo), David Wenham (Dilios), Dominic West (Theron), Vincent Regan (capitán), Michael Fassbender (Stelios), Tom Wisdom (Astinos), Andrew Pleavin (Daxos), Andrew Tiernan (Ephialtes), Rodrigo Santoro (Jerjes), Giovanni Antonio Cimmino (Pleistarchos).
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COMENTARIO
La película 300 de Zack Snyder, estrenada en 2007, se presentó como la adaptación de la novela gráfica que Frank Miller realizó en 1998 y publicó originalmente en cinco números sobre la Batalla de las Termópilas. De modo que no estamos ante la recreación de un hecho histórico, sino ante la recreación de una recreación de un suceso acaecido en el año 480 antes de Cristo. Digo esto porque la película ha de verse como la lectura audiovisual de un texto icónico-verbal previo, más centrado en el heroísmo dramático y la violencia que en la reconstrucción documental de lo que puedo suceder en el desfiladero de las Termópilas. Como toda lectura productiva (esto es, destinada a que sirva de base para un trabajo posterior), la que da lugar a un filme, puede ser crítica, intensificadora de aspectos o simplemente mimética de lo leído, y ello se verá reflejado en el resultado final. En este sentido, está claro que Zack Snyde no sólo asume los postulados de Miller, sino que carga las tintas en algunos de los aspectos más polémicos del dibujante y guionista norteamericano, y ello, por más que utilice como narrador a Dilos, uno de los espartanos acompañantes de Leónidas, en un intento por mostrar a la audiencia que el surreal “mundo” que Frank Miller muestra en los 300 estaba siendo relatado desde la perspectiva subjetiva de alguien que “sabe como no echar a perder una buena historia con la verdad”. Como el cómic, la película es un puro ejercicio de retórica publicitaria e ideológica, además de un ejemplo excelente del manierismo estético que invade, en los últimos años, muchas novelas gráficas y las pantallas de todo el mundo. Su apuesta por asimilarse al texto de partida, tanto en el guión como en el uso de imágenes, hace que el filme presente un estilo visual novedoso y, ciertamente, impactante, en el que el color y el contraste son tratados digitalmente con un resultado apabullante, soberbio en su configuración visual, en esa cinematografía umbrosa de color cobrizo que traduce muy bien los dibujos originales de Miller. Más allá de esto, es muy probable que pocos o muy pocos de los que hayan visto el filme y hayan salido sobrecogidos por su estética y la fuerte carga emotiva de la historia narrada hayan leído a Herodoto o conozcan los verdaderos acontecimientos históricos, sin duda heroicos, que sirven de base argumental al texto. Es muy posible también que muchos de los que estén al tanto del evento histórico narrado, hayan olvidado que el espartano que dirigió el ejercito griego en la batalla de Platea, que en la película sirve como forma de llevar a cabo la prometida venganza por los héroes muertos, fue Pausanias, tutor del hijo de Leónidas, quien se pasará no mucho tiempo después de ese triunfo al bando de los persas, de quienes recibirá un territorio en Bizancio y Sestos para que, por cierto, lo gobernase como tirano, o que la alianza entre Esparta y Atenas, en la II Guerra Médica, no se mantuvo posteriormente, deseosos ambos países de dominar al resto de las polis griegas: la verdad no siempre es lo que quisiéramos. El cine es ficción, como lo es el cómic, pero eso no significa asepsia, inanidad; por el contrario, cualquier ficción cinematográfica posee, como todo acto sémico, una dimensión perlocutiva consustancial, pues busca siempre conseguir algo del que lo recibe. En el caso que nos ocupa, basta, para darse cuenta de ello, con hacerse algunas preguntas (el recurso a la mayéutica socrática resulta muy pertinente, por esclarecedor, en estos casos): ¿por qué todos los buenos son perfectos y los malos son extraños, deformes, incluso monstruosos y deshumanizados?, ¿por qué Jerjes es un ser andrógino de cuya garganta surgen una extraña amalgama de voces, una de ellas casi femenina, y sus adornos de rey, collares y piercings extravagantes, son más apropiados de una drag queen, como la protagonista de Priscilla, reina del desierto, que de un rey de los persas?, ¿por qué el comportamiento valiente, noble, inteligente, de la reina debe justificarse y, así, cuando habla por primera vez, un emisario persa se asombra, obligando a Leónidas a declarar “Ella puede hablar lo que quiera, nuestras mujeres dan a luz espartanos”?, ¿por qué la voz en off, además de narrar lo que estamos viendo, nos lo explica?, ¿por qué el espartano Leónidas parece unas veces un ilustrado defensor de la libertad individual y, otras, un despótico sargento de hierro?, ¿quiénes eran los éforos? y ¿por qué son presentados como seres libidinosos, deformes, traidores y corruptos?, ¿por qué los adversarios de los héroes espartanos tienen físicos extraños y anómalos -recordemos al verdugo con hachas en vez de manos o al contrahecho traidor Sfialtes-?, ¿por qué casi todos sus enemigos cubren su cuerpo, corroído o deforme, mientras los soldados espartanos muestran en todo su esplendor un físico admirable, perfecto en todos los sentidos?, ¿por qué, a la dureza y el rigor del campamento espartano, se opone la blandura, opulencia y lascivia del persa? o ¿por qué el resto de los griegos apenas entran en combate y se presentan, además, como débiles y temerosos? Sin duda, éstas y otras muchas preguntas de este tipo brotarán con facilidad tras ver la película. Como señaló el crítico griego de cine Robby Eksiel, probablemente el auditorio quedará impresionado con la “acción digital”, pero seguramente también a muchos les decepcionará e irritará, incluso, las “ostentosas interpretaciones y los personajes unidimensionales” de este estéticamente sorprendente, aunque narrativamente imperfecto y tendencioso filme. Frank Miller, tras enviar a Batman a combatir contra Bin Laden, como si de un nuevo y renacido Ra´s Al Ghul se tratara, amenaza con otra peculiar versión de un acontecimiento épico. Pasen y vean, pero luego, por favor, deténganse un momento y piensen en lo que han visto. TEMAS
q El ardor guerrero como medio de realización existencial. q El choque de civilizaciones. q La reconstrucción de hechos históricos como vehículo de propaganda ideológica.
OPINIONES
1. “Lo que deja en la pantalla este director de cine con esta hazaña de trescientos contra miles es pura contracorriente. Lo primero que se siente al ver 300 es puro elogio de la guerra, de la entereza y de la resistencia; la guerra es el único instrumento útil para aspirar a la paz y para proteger la libertad, se viene a decir sin tapujos. Completamente absorta la imagen de Zinder en el dibujo de Miller (la “pintura” cinematográfica es clavada a la del cómic, tanto en rasgo como en macha y en espíritu) y con una voz en off que le saca brillo a los aceros y a la épica, la idea es narrar con una vistosidad asombrosa y entre tonos ocres, terrosos y depresivos un hecho heroico, y que además salvó a Occidente, pues fue un ejemplo al que se sumaron los griegos y pudieron así salvar los muebles de su cultura o civilización.” (E. Rodríguez Marchante). 2. “Después de ver aparecer al glorioso Jerjes (¿Ahdmadineyad? ¿Bin Laden?) encaramado, cual drag queen tinerfeña y carnavalesca en su carroza “crepuscular” arrastrada por sus inmortales disfrazados de ninjas, me dieron ganas de solicitar carné militante de los proteccionistas de la excepción cultural para el cine europeo. Claro que me acordé de Torrente de Santiago Segura – una de las joyas inmarcesibles de nuestro cine-, y se me quitaron las ganas.” (Manuel Rodríguez Rivero). 3. “Al inicio de 300, como en Titanic, el espectador sabe de antemano lo que va a suceder (el barco se hunde, los 300 son vencidos). Pero en Titanic la narrativa se desarrolla temporalmente (el conflicto debe resolverse antes de que el banco se hunda, lo que ocurrirá —lo sabemos porque un personaje nos lo dice al comienzo de la cinta— en poco más de una hora. En 300, la narrativa avanza en forma de viñetas episódicas no temporales, más apropiadas para un libro. Cada episodio está definido por un obstáculo a superar, que enseguida es superado para dar paso al siguiente. Aparecen los elefantes, loe elefantes se desbarrancan. Llega el gigante, el gigante es vencido. Y así, ad nauseam o hasta que se acaba la cinta, lo que ocurra primero.” (Carlanga). 4. “Por último, se podría pensar que no es necesario tomarse su ideología en serio, pero esta película realmente cree lo que está diciendo, no hay ningún rasgo de humor y todos los discursos son bastante exaltados, para convencer a los hombres del honor de una muerte en batalla. Existen otras películas, como. por ejemplo. Invasión de Paul Verhoeven, que tienen la misma ideología, pero con sólo un poco de ironía, sarcasmo o parodia consiguen anularla.” (Peine).
OTRAS OBRAS RELACIONADAS
q 300 (Frank Miller, Barcelona, Norma Editorial, 2007) q La batalla de las Termópilas: dos crónicas de la antigüedad (Herodoto y Diodoro de Sicilia, Madrid, RBA Libros, 2007) q Historias. Libro VII (Herodoto de Halicarnaso) q Biblioteca histórica XI (Diodoro Sículo) q Las Termópilas (William Golding, Madrid, Brand Editorial, 2001) q El guerrero número 13 (película – Director: John McTiernan y Michael Crichton, 1999)
Pedro Hilario Silva IES Francisco Giner de los Ríos (Alcobendas) |
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