Antología de cuentos y microrrelatos

Guillermo Samperio: "Tragafuego"

 

El autor:

 

Guillermo SAMPERIO (Ciudad de México, 1948) es uno de los más grandes cuentistas en castellano. Traducido a muchos idiomas y reconocido en todo el mundo. Ha obtenido importantes premios, como el “Casa de las Américas” (1977) y el Nacional de Periodismo Literario (1988).

Entre sus más de treinta libros podemos destacar:

- Libros de relatos:

Cuaderno imaginario, cuentos y prosas poéticas, Editorial Diana, México (1989);

La cochinilla y otras ficciones breves. UNAM (1999);

Cuando el tacto toma la palabra. Cuentos 1974-1999, FCE (1999);

La mujer de la gabardina roja y otras mujeres, Páginas de Espuma (2002);

Cuentos reunidos, Alfaguara (2007);

 

 

- Novela:

Anteojos para la abstracción, Editorial Cal y Arena (1994).

Ventriloquía inalámbrica, Editorial Océano-México (1996/97).

 

- Ensayos:

Tribulaciones para el siglo XXI, Universidad Autónoma de Puebla (1999);

Los franchutes desde México, Editorial Aldus, México (2000);

El club de los independientes. Lectorum, México (2005);

Después apareció una nave. Manual para nuevos cuentistas, Páginas de Espuma (2005).

 

La obra: Cuando el tacto toma la palabra. Cuentos 1974-199 (México D.F., FCE, 1999)

 

Este libro reúne todos los cuentos escritos por el autor hasta esa fecha. Apareció como un homenaje a su trayectoria personal y su valía como cuentista.

La obra cuentística de Samperio presenta un registro muy amplio. Sin embargo, podemos decir que lo que caracteriza sus relatos es una esmerada atención al uso de la palabra. No sólo por la riqueza que exhibe, sino por la profundidad de las sugerencias que alcanza a dar con ella. Por eso, sus cuentos se acercan, se convierten en poesía, como podemos apreciar en el cuento seleccionado.

Samperio suele mezclar en sus relatos elementos heterogéneos: aparecen la fantasía, el humor, la sorpresa, la ternura, la emoción. Pueden ser un ejercicio lúdico o la metáfora de un aspecto fundamental de la vida humana o una llamada crítica sobre nuestro mundo. Pero siempre desde la sensibilidad, y para provocar en el lector una respuesta de su emoción y su pensamiento. Sus cuentos parecen escritos para ser leídos en voz baja, en la intimidad de una habitación, o en el medio de un pequeño círculo de oyentes.

Sólo hace falta un poco de silencio y de atención para disfrutar de la maravilla de su escritura.

 

El relato: “Tragafuego”

 

En la tarde de una esquina lluviosa, sobre las húmedas láminas de metal del pavimento, el tragafuego escupe una bola de lumbre que seca de pronto una esfera del crepúsculo. El rostro del mimo incendiario sonríe a los ojos indiferentes de los automóviles, vuelve la mirada hacia la menuda lluvia, abre una bocaza que desea comerse los cielos de Dios, levanta un brazo olímpico y se introduce una pelota de tenis encendida sujeta a un alargado fierro, el cual de inmediato sale de la garganta llevando en la punta una pelota de caucho humeante.

En la misma posición inclinada, las piernas abiertas, acróbata escultura callejera, sin cerrar la gran boca y viendo aún los dominios lluviosos de Dios, el hombre de rostro blanco y mejillas escarlata lanza una antorcha que asciende por el aire húmedo, gira en fogonazos de cerillo enorme, fugaz hélice amarilla, rehilete de flamas; simula detenerse un instante pequeñísimo en la cresta del ocaso pero desciende en vueltas llameantes saltimbanqui anaranjado, rueda de triciclo abrasadora, y la antorcha se introduce exacta, justa, definitiva, mortal, en la boca de esa gabardina harapienta que se desploma, contrahecha, en la última actuación de hilarante trapo cósmico.

Mientras tanto, bajo la gorrita de un poste verdoso, una luz redonda pasa del rojo al verde; las hileras de los grandes armadillos de metal se ponen en marcha lanzando sus luces sobre las húmedas láminas del escenario. Al fondo de la ciudad cae lentamente un telón negro con enormes borlas rojizas que se introducen tras las siluetas de los edificios.

(Guillermo Samperio, Cuando el tacto toma la palabra. Cuentos, 1974-1999, FCE, México, 1999)

 

Un comentario: El cuento como poesía

 

¿Qué ocurre en un cuento? En algunos, una mínima historia, o la escena que viene a resumirla. Pero en otros, como en éste, el apunte argumental nos suscita un momento de emoción. Es un golpe íntimo lo que recibimos.

Sentimos la frialdad de un mundo en el que no se encuentran personas, sino objetos, superficies, colores. Bajo la lluvia esperan, no ya hombres en sus coches, sino los automóviles: animales de metal en que los han convertido su prisa, su número y su indiferencia. Un mimo callejero exhibe su arte de tragar y escupir fuego. El lenguaje utilizado realza la belleza de su ejercicio, incluso cuando se convierte en un peligro mortal que acaba matándolo. Otras luces, las de un semáforo, hacen recuperar el movimiento mecánico de las calles, y aquel hombre es abandonado a su suerte. Dios, lejano testigo, como la tarde se pliegan, también indiferentes a ese sacrificio.

Revisamos las palabras que nos indican colores (blanco, escarlata, rojo, negro...), las que indican esferas (la pelota de tenis, el giro de la rueda, la cabeza de una cerilla), las que indican la ausencia del hombre (los ojos de los automóviles, la gabardina que se desploma). El mundo de este cuento es nuestro mundo, visto desde una mirada honda y lírica; nos obliga a reparar lo en lo que sucede, lo que hemos visto sin darnos cuenta, lo que ha pasado delante de nuestras narices como en un escenario (la actuación, el telón que cae): es decir, la función diaria de la vida corriente.

La verdadera poesía no es un adorno. No consiste en aderezar una historia con figuras literarias o adjetivos sorpresa. El texto no pretende volver estético un episodio terrible y hacérnoslo, de esta manera, aceptable. Si así fuera, el tragafuegos que aparece en él, quedaría otra vez olvidado, porque el relato lo habría usado para buscar la belleza. Al contrario, la verdadera poesía nos empuja a una experiencia (no la disfraza u oculta): su lenguaje cuidado, sus simetrías, sus contrastes, sus palabras escogidas, sus metáforas nos fuerzan a reconocer lo que está ocurriendo, a que ese episodio urbano no pase desapercibido como tantos otros, sino a separarlo de la corriente y obligarnos a tomar conciencia de él. La belleza del lenguaje del cuento clama contra la crueldad y la injusticia que sufre el personaje. Apunta a un mundo que no termina de ser hermoso, a una sensibilidad que no puede hacerse feliz mientras ocurren tragedias como ésa a nuestro lado.

El cuento no nos consuela, la belleza que exhibe no nos colma: nos inflige un dolor, nos advierte de dónde estamos viviendo. La delicadeza con que está escrito invita a nuestra sensibilidad a despertarse y ver.

He ahí la poesía, en verso o en prosa: la emoción y la sabiduría de las palabras leídas con atención que calan en nuestra intimidad.

Comentado por:

Javier Sáez de Ibarra (1961). Profesor de Lengua y Literatura de Secundaria. Autor del libro de relatos: El lector de Spinoza (Madrid, Páginas de Espuma, 2004) y del libro de poemas: Motivos (Barcelona, Icaria, 2006).

 
 

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